Historias de mujeres profesionales: La consultora yoguiVolver

novartis

Año:
2017-03-12

Descripción:

 LA CONSULTORA YOGUI

 

 

En efecto, a veces ocurre que en los momentos de mayor confusión y padecimientos psicológicos
crece la flor del esclarecimiento, que de repente, se abre en una colorida dicha de comprensión profunda.
Se trata de la añeja metáfora del hermoso y delicado loto floreciendo sobre las aguas del turbio estanque donde se bañan los búfalos.
El Sutra del Loto, Nichiren

 

Hacía más de 15 años que practicaba yoga, no con absoluta dedicación y disciplina, pero sí con cierta regularidad. Una mañana, en una clase, mientras realizaba la postura del guerrero, escuchaba a su profesor recordando a los discípulos la importancia de respetar los propios límites.

-       La práctica del yoga os impulsará a alcanzar un nuevo reto en cada asana, pero no debe causaros dolor. Respirad profundo, dadle tiempo a todos vuestros músculos. Cada uno de vosotros conoce su capacidad de ser flexible y hasta dónde puede llegar y esa frontera debe honrarse siempre.

Mientras se esforzaba al máximo, desoyendo al profesor, para lograr la perfección, un “click” en un tendón de los omoplatos, la obligó a deshacer la postura y a, definitivamente, respirar profundo y lento. En aquel momento tuvo un “insight”, ¿Cuántas veces, en su vida laboral, forzaba y forzaba para alcanzar el objetivo sin darse cuenta de las consecuencias? Podría existir cierto paralelismo entre la doctrina del yoga y su trabajo. Ante sus clientes, ella siempre se mostraba flexible, adaptándose a las distintas circunstancias, empatizando con la persona, comprendiendo sus distintos puntos de vista, aceptando cambios imprevistos… daba siempre el 100%. Era Consultora. Cada nuevo proyecto suponía empezar de cero, como si realizara un examen, pero sin contar con la confianza de aquel profesor, que ya conoce tus habilidades y conocimientos. ¿Estaba siendo consciente de sus límites?

 Los yoguis se sienten continuos apréndices y cultivan su destreza cada día. El inicio de toda práctica siempre pasa por atender a tu respiración, vaciar la mente y calentar la musculatura. Quizás este momento podría asemejarse a la Alianza Estratégica con el cliente, que se establece al comienzo del proyecto: Tenemos claro el objetivo pero ¿Cuál va a ser la metodología que vamos a utilizar?, ¿Cómo lo haremos exactamente?, ¿Hasta donde quiere llegar el cliente y hasta dónde puedo llegar el consultor?, ¿Cuál es el “deadline” específico?... Es un momento fundamental, para garantizar el éxito, que muchas veces se pasa por alto.

 Una vez preparado el cuerpo y la mente, el yogui toma conciencia de lo que va a realizar, visualiza los movimientos de la asana y busca un objetivo final. Es la etapa de Diseño, cuando el consultor, en back office, reflexiona sobre el objetivo, la metodología, las necesidades reales del cliente, la cultura de la empresa, cada uno de los participantes y su idiosincrasia, cuáles serán las mejores herramientas, los timings y en suma, de qué manera puede dar un servicio excelente.

 A partir de entonces, se puede empezar a realizar la asana, sin perder la concentración y con una respiración acompasada a cada movimiento; debe ser una acción harmónica, sin aceleraciones, ni paradas bruscas, sino siguiendo un ritmo fluido. Trasladado al mundo de la consultoría, sería similar a la Intervención en el terreno. Ésta debe realizarse con una gran concentración interna, para evitar cualquier error, y también con un vigilancia extrema de lo que ocurre alrededor del proyecto, para captar todos aquellos signos que puedan advertir de posibles desviaciones, obstáculos e inconvenientes.

Y al final, en la práctica del yoga, llega la relajación. En postura tumbada boca arriba,   aflojando todos los músculos, respirando de forma cómoda y recorriendo todo el cuerpo, de abajo a arriba, hasta alcanzar un estado de “ultra-reposo” que permita recuperarse del esfuerzo realizado. En esta fase se puede visualizar todas las asanas realizadas durante la sesión de yoga, integrándolas en la consciencia y revisándolas para optimizarlas. Es como el Cierre del proyecto. Se revisan, conjuntamente con el cliente, los hitos conseguidos y aquellos que no han terminado como se esperaba; se establecen correcciones, se valora, se da y recibe feedback y se integra todo lo ocurrido para mejorarlo en el próximo proyecto.

Sumida en sus pensamientos, incapaz de concentrarse en la asana, su mente seguía navegando en toda esa alegoría que acababa de imaginar y se preguntaba ¿Qué línea existe entre la flexibilidad y la sumisión?: Si intentamos forzar nuestra flexibilidad podemos sufrir una lesión, si ante un cliente, decimos a todo que sí, ¿Estamos diciendo no a nuestra metodología y por ende, a nosotros mismos?

Como Consultora ella debía honrar sus límites y asegurar el equilibrio en la balanza.