MUJERES SABIAS Y MARAVILLOSASVolver

novartis

Año:
2018-03-04

Descripción:

Mujeres sabias y maravillosas nos invita a caminar, de la mano de sus protagonistas, a través de  distintos momentos vitales femeninos.  El ciclo menstrual y sus aspectos biológicos influyen en nuestras vidas. Todas las chicas esperan su primera menstruación con alguna emoción: ansiedad, alegría, miedo, rechazo, pero todas sabemos que su llegada nos convierte en una mujer con capacidad para concebir. Desde la primera menstruación, hasta la sabiduría que confieren las arrugas, el organismo femenino sufrirá una serie de cambios físicos preparándose primero, para la maternidad y posteriormente para la menopausia y en medio de todas esas alteraciones hormonales, la vida avanzará. Tal vez queramos ser madres o tal vez no. Con los años, llegará el momento en que nuestro período desaparecerá y una nueva etapa vital se abrirá ante nosotras que nos acompañará hasta la senectud.

Todas somos mujeres sabias y maravillosas, todas caminamos a través de estos ciclos y momentos vitales y, aunque nuestra forma de caminar sea distinta, el flujo de la vida será  igual para todas. En este libro conoceréis a seis de estas mujeres sabias y maravillosas: Sara, Camila abuela, Camila Jr., Lia, Laila y Berta.  Ellas compartirán con vosotras sus historias personales. Puede ser que os identifiquéis con ellas o que penséis y sintáis de forma totalmente distinta, pero deseo que vibréis con sus experiencias y que éstas os ayuden a elegir el mejor camino para vosotras. 

En mi propio camino, hacia la sabiduría femenina de la senectud, mi historia personal me ha llevado a la publicación de este libro.

De niña quería ser médico, devoraba cualquier enciclopedia médica que corriera por mi casa e incluso algún libro de etología animal. Cualquier texto que hablara de procesos fisiológicos.

Residía en mi interior una energía especial y distinta, que aún ahora no he terminado de comprender; un impulso que me llevaba a intentar resolver todos los problemas, tanto físicos como psíquicos de todo ser, animal o  vegetal, que encontrara en mi camino. Sin necesidad de que nadie me lo pidiera, yo ardía en deseos de arreglar lo estropeado.  En la adolescencia ese empuje sin freno me generó algún que otro problema, por todo ese halo de egocentrismo y superioridad que conlleva el intentar ayudar a otro, sobre todo  cuando ese otro no te ha pedido nada.

Quería ser doctora y no enfermera. Gracias a mi madre, tuve claro que las mujeres podían hacer y ser todo lo que quisieran. Su discurso no era feminista, era una creencia positiva y potenciadora. La frase : “Prepárate y lábrate un futuro, para ser siempre independiente y valerte por ti misma” se filtró y caló en mis neuronas, en mis músculos y en todos mis órganos.

Con toda esa energía especial dentro de mí, llegó el momento de elegir qué estudiar en la universidad. La carrera de medicina implicaba una alta inversión económica y dedicación completa.  Yo ansiaba trabajar y estudiar al mismo tiempo, pertenecía a la  llamada generación X,  podíamos con todo y teníamos altas ambiciones. Así es que medicina tuvo que ser descartada.

Fue mi joven tío, el único licenciado de la familia, el que me habló de las distintas profesiones existentes en el mercado. Él era abogado y había montado su propio despacho. En una comida familiar, mi tío me explicó que   ejercer un oficio que te permitiera trabajar de forma autónoma te ofrecía más salidas:”Los emprendedores con negocio propio no dependen de la capacidad de contratación de las compañías”. …. Y mencionó a los psicólogos y sus consultas privadas.

El tema me interesó. Yo no sabía exactamente qué hacían los psicólogos.  Así es que tuve que  investigar, no en internet, eran los finales de los ochenta, sino a través de libros, y  de personas que conocieran algo del mundo de la psicología. Así fue como con solo diecisiete años,  me aventuré a adentrarme en  la psique humana, en lugar de en el cuerpo humano. Y si el organismo físico me había fascinado durante mi niñez, la mente humana aún más.

Recuerdo que una de mis asignaturas favoritas era psicofisiología. Esta  unía los dos universos el cuerpo y la mente. Aprendí aquello de mens sana in corpore sano y descubrí la glándula pineal de Descartes, que conectaba la sustancia mente y su pensamiento, con la sustancia cuerpo situada en el espacio; y todos los planteamientos modernos sobre la importancia del equilibrio físico-emocional y el poder de la mente al enfrentarse a a una situación difícil. En suma, el  poder de la actitud.

En aquellos años escribía un diario donde canalizaba todas mis emociones y empecé un proyecto de novela en  la que la trama se centraba en la fuerza del amor de dos jóvenes ante la enfermedad del cáncer. Sublimé, como decía Freud, muchas de mis cortas experiencias vitales, en pequeños  relatos escritos.

Y viví mucho más y de manera distinta a lo que de niña creía que iba a vivir. La vida siempre supera la ficción: Me casé, decidí ser madre, tuve una carrera profesional, me divorcié, me volví a casar, decidí no ser madre,  fundé una familia patchwork y creé mi propia empresa.

Con la perspectiva de la madurez, me di cuenta de que todas las mujeres pasamos por las mismas etapas biológicas.  Nos ocurren experiencias muy similares y dependiendo de la actitud que tomamos se superarán de mejor o peor forma.

Hace unos años, en un proceso de coaching, visualicé que sentía la  necesidad de transmitir todo esa sabiduría femenina que te dan los años.  Un mentor que tuve me  dijo: “si conoces la receta del plato a cocinar, por qué no ofrecérsela a las demás, para que lo cocinen mejor que tu”.

En ese mismo instante y, de forma mágica, se fusionaron tres variables: Mi creencia positiva sobre el poder de la mujer, que me inculcó mi madre; mi profesión  como psicóloga, a la que inconscientemente me impulso mi tío; y en tercer lugar, esa extraña energía que me impulsa a  ayudar y que me acompaña desde niña. Así decidí escribir esta novela: Mujeres sabias y maravillosas.

Si alguna mujer, a través de las historias de las protagonistas, consigue serenidad, orgullo, inspiración y, en suma, felicidad, para vivir la etapa en la que se encuentra en este momento, me sentiré profundamente realizada.